Santifícalos en tu Palabra
"Yo les he dado tu
Palabra, y el mundo los
aborreció; porque no son
del mundo, como tampoco
yo soy del mundo. No
ruego que los quites del
mundo, sino que los
guardes del maligno. No
son del mundo, como
tampoco yo soy del
mundo. Santifícalos en
la verdad; tu Palabra es
verdad." (Juan 17:14-17)
¿Y cómo uno se
santifica? El Señor
compró nuestras vidas
nos santificó, nos
apartó, y por tanto Él
es nuestro dueño, somos
suyos, no nos
pertenecemos, soy un
santo… aunque no me
guste. Por eso cuando
nos salimos del redil y
nos apartamos, nos
encontramos inquietos,
desubicados, fuera de
lugar y siempre
regresamos al Señor.
¿Quieren ver cuál es la
lucha de un hombre?
"Porque no hago el bien
que quiero; sino al
contrario, el mal que no
quiero, eso practico. Y
si hago lo que yo no
quiero, ya no lo llevo a
cabo yo, sino el pecado
que mora en mí. Por lo
tanto, hallo esta ley:
Aunque quiero hacer el
bien, el mal está
presente en mí. Porque
según el hombre
interior, me deleito en
la ley de Dios; pero veo
en mis miembros una ley
diferente que combate
contra la ley de mi
mente y me encadena con
la ley del pecado que
está en mis miembros.
¡Miserable hombre de mí!
¿Quién me librará de
este cuerpo de muerte?
¡Doy gracias a Dios por
medio de Jesucristo
nuestro Señor! Así que
yo mismo con la mente
sirvo a la ley de Dios;
pero con la carne, a la
ley del pecado. Ahora
pues, ninguna
condenación hay para los
que están en Cristo
Jesús, porque la ley del
Espíritu de vida en
Cristo Jesús me ha
librado de la ley del
pecado y de la muerte."
(Romanos 7:19 - 8:2) Una
vez en Cristo, el
Espíritu Santo empieza e
santificar nuestras
vidas.
¿Qué es ser santificado?
Cuando recibimos a
Cristo en nuestras vidas
nuestros corazones se
llenan de sus promesas y
sus palabras, y al mismo
tiempo el Espíritu Santo
empieza a hurgar más y
más en nosotros, a
purificar, a limpiar, a
señalar y sacar a la luz
cosas que no están bien,
y ahí en cuando nos
hacen dudar de nuestra
salvación. Por Jesús no
hace esto de golpe sino
poco a poco, para que
usted le entregue cosas
lentamente, en un
proceso de
transformación. Por eso
Pablo dijo que somos un
sacrificio vivo, nos
entregamos para que Él
pueda actuar en
nosotros.
Pero también, en este
proceso de
santificación, el
Espíritu Santo empieza a
equiparnos con sus
deseos, dones,
capacidades, ministerios
y talentos para servir
al Señor, bien sea
visitando enfermos,
orando por los
moribundos, cuidando a
su familia. En la Biblia
hay unos que resaltan
como Moisés que sirvió
dirigiendo una nación,
Israel, Abraham, el Rey
David, Pablo. Gente
transformada por el
poder de Dios, gente
consagrada, gente santa
y apartada.
Esta transformación
comienza en la medida
que el Jesús mora y
actúa en nuestras vidas.
Por eso Él dijo estas
palabras: "Jesús les
respondió: - ¿No está
escrito en vuestra ley,
"Yo dije: Sois dioses"?
Si dijo "dioses" a
aquellos a quienes fue
dirigida la palabra de
Dios (y la Escritura no
puede ser anulada),
¿decís vosotros: "Tú
blasfemas" a quien el
Padre santificó y envió
al mundo, porque dije:
"Soy Hijo de Dios"? "
(Juan 10:34-39) Jesús
fue apartado, dedicado
desde antes de la
fundación del mundo para
la salvación y
santificación de la
humanidad. Él es un
santificado, y por tanto
también usted es una
nueva criatura, una
persona santa, apartada
para adorar y servir a
Cristo. "Pero si las
hago, aunque a mí no me
creáis, creed a las
obras; para que
conozcáis y creáis que
el Padre está en mí, y
yo en el Padre." (Juan
10:38) Este santificado
hace las obras para que
veamos que Él está en
comunión con el Padre.
"Por ellos yo me
santifico a mí mismo,
para que ellos también
sean santificados en la
verdad." (Juan 17:19)
Aquí está Jesús, un día
antes de su crucifixión
explicándonos que Él se
sacrificó a sí mismo por
nosotros. El,
humanamente hablando,
bien podría haber
decidido no ir a la cruz
y usted y yo no seriamos
salvos, pero Él dijo no,
por el gozo de ver una
humanidad redimida,
comprada a precio de su
sangre, sabiendo que
vencería a la muerte
para sentarse a la
diestra del Padre. Por
ese amor el se dedicó,
se apartó, se santificó
para vencer a aquel que
quería destruirlo a Él y
a la humanidad. Aleluya.
Generalmente los
fracasos vienen antes de
la victoria, pero Jesús
dijo no, yo me santifico
a mí mismo por ellos.
¿Saben lo que es el amor
de Dios? ¿Esa gracia de
Dios? ¿Esa bondad de
Jesús? Después de
recibir insultos,
vituperios y expresiones
de maldad, caminó a la
cruz para ser clavado a
ella, para enfrentarse
cara a cara con la
muerte, confiando que el
Padre lo levantaría de
los muertos, creyendo
que su cuerpo sería
santificado, simplemente
por amor a nosotros.
"Por ellos yo me
santifico a mí mismo,
para que ellos también
sean santificados en la
verdad." (Juan 17:19)
La Palabra purificadora
de Dios nos confronta
con nuestra maldad, nos
revela nuestras propias
debilidades, muchas
veces hemos sido
mentirosos y
engañadores, hemos
vivido fuera de la
verdad; y cuando el
Espíritu Santo nos
examina lo hace no para
condenarnos sino para
ayudarnos a cambiar y a
vivir en la verdad. El
Espíritu Santo hace que
Cristo, quien es la
verdad, ocupe
paulatinamente nuestra
vida entera.
"No ruego que los quites
del mundo, sino que los
guardes del maligno."
(Juan 17:15) La mayoría
de nosotros quisiéramos
estar lejos del mundo,
retirados escuchando la
Palabra y deleitándonos
en su presencia. ¿Por
qué no podemos vivir
todo el tiempo así?
Porque otros necesitan
ser santificados y
nuestro papel es llevar
a los perdidos a Su
presencia para también
ser santificados. No es
fácil vivir en este
mundo, con tantos
peligros, resbaladeros y
tentaciones que nos
quieren hacer caer. En
situaciones que nos
hacen sentirnos perdidos
y abandonados. Pero en
estas situaciones
podemos exclamar: Jesús
confío en Ti porque en
Tu nombre yo he vencido
al mundo.
Oración: Padre, en el
nombre de Jesús,
reconozco que tú me
tienes en este mundo con
el propósito de ser luz
en la tierra. Te ruego
que me guardes del mal,
que te enseñorees en mi
vida, que siempre tenga
en mis labios palabras
para otros, santifícame,
soy tuyo, soy tu reflejo
en este mundo, de alguna
manera somos la
esperanza para los que
no lo tienen, somos
palabra de vida para los
muertos en sus delitos,
somos la fe y la guía
para quienes no saben
por donde andar, soy
portador de Tu Palabra.
Te pido en Tu santo
nombre te glorifiques en
mí. Aleluya.