Prédica del 21 de febrero de 2010
Por: Pastor Samuel Olson
Título: Santifícalos en tu Palabra
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Santifícalos en tu Palabra

"Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los aborreció; porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad; tu Palabra es verdad." (Juan 17:14-17)


¿Y cómo uno se santifica? El Señor compró nuestras vidas nos santificó, nos apartó, y por tanto Él es nuestro dueño, somos suyos, no nos pertenecemos, soy un santo… aunque no me guste. Por eso cuando nos salimos del redil y nos apartamos, nos encontramos inquietos, desubicados, fuera de lugar y siempre regresamos al Señor. ¿Quieren ver cuál es la lucha de un hombre?


"Porque no hago el bien que quiero; sino al contrario, el mal que no quiero, eso practico. Y si hago lo que yo no quiero, ya no lo llevo a cabo yo, sino el pecado que mora en mí. Por lo tanto, hallo esta ley: Aunque quiero hacer el bien, el mal está presente en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo en mis miembros una ley diferente que combate contra la ley de mi mente y me encadena con la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¡Doy gracias a Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor! Así que yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios; pero con la carne, a la ley del pecado. Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte." (Romanos 7:19 - 8:2) Una vez en Cristo, el Espíritu Santo empieza e santificar nuestras vidas.
¿Qué es ser santificado? Cuando recibimos a Cristo en nuestras vidas nuestros corazones se llenan de sus promesas y sus palabras, y al mismo tiempo el Espíritu Santo empieza a hurgar más y más en nosotros, a purificar, a limpiar, a señalar y sacar a la luz cosas que no están bien, y ahí en cuando nos hacen dudar de nuestra salvación. Por Jesús no hace esto de golpe sino poco a poco, para que usted le entregue cosas lentamente, en un proceso de transformación. Por eso Pablo dijo que somos un sacrificio vivo, nos entregamos para que Él pueda actuar en nosotros.


Pero también, en este proceso de santificación, el Espíritu Santo empieza a equiparnos con sus deseos, dones, capacidades, ministerios y talentos para servir al Señor, bien sea visitando enfermos, orando por los moribundos, cuidando a su familia. En la Biblia hay unos que resaltan como Moisés que sirvió dirigiendo una nación, Israel, Abraham, el Rey David, Pablo. Gente transformada por el poder de Dios, gente consagrada, gente santa y apartada.


Esta transformación comienza en la medida que el Jesús mora y actúa en nuestras vidas. Por eso Él dijo estas palabras: "Jesús les respondió: - ¿No está escrito en vuestra ley, "Yo dije: Sois dioses"? Si dijo "dioses" a aquellos a quienes fue dirigida la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser anulada), ¿decís vosotros: "Tú blasfemas" a quien el Padre santificó y envió al mundo, porque dije: "Soy Hijo de Dios"? " (Juan 10:34-39) Jesús fue apartado, dedicado desde antes de la fundación del mundo para la salvación y santificación de la humanidad. Él es un santificado, y por tanto también usted es una nueva criatura, una persona santa, apartada para adorar y servir a Cristo. "Pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed a las obras; para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre." (Juan 10:38) Este santificado hace las obras para que veamos que Él está en comunión con el Padre.


"Por ellos yo me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad." (Juan 17:19) Aquí está Jesús, un día antes de su crucifixión explicándonos que Él se sacrificó a sí mismo por nosotros. El, humanamente hablando, bien podría haber decidido no ir a la cruz y usted y yo no seriamos salvos, pero Él dijo no, por el gozo de ver una humanidad redimida, comprada a precio de su sangre, sabiendo que vencería a la muerte para sentarse a la diestra del Padre. Por ese amor el se dedicó, se apartó, se santificó para vencer a aquel que quería destruirlo a Él y a la humanidad. Aleluya. Generalmente los fracasos vienen antes de la victoria, pero Jesús dijo no, yo me santifico a mí mismo por ellos. ¿Saben lo que es el amor de Dios? ¿Esa gracia de Dios? ¿Esa bondad de Jesús? Después de recibir insultos, vituperios y expresiones de maldad, caminó a la cruz para ser clavado a ella, para enfrentarse cara a cara con la muerte, confiando que el Padre lo levantaría de los muertos, creyendo que su cuerpo sería santificado, simplemente por amor a nosotros. "Por ellos yo me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad." (Juan 17:19)


La Palabra purificadora de Dios nos confronta con nuestra maldad, nos revela nuestras propias debilidades, muchas veces hemos sido mentirosos y engañadores, hemos vivido fuera de la verdad; y cuando el Espíritu Santo nos examina lo hace no para condenarnos sino para ayudarnos a cambiar y a vivir en la verdad. El Espíritu Santo hace que Cristo, quien es la verdad, ocupe paulatinamente nuestra vida entera.


"No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del maligno." (Juan 17:15) La mayoría de nosotros quisiéramos estar lejos del mundo, retirados escuchando la Palabra y deleitándonos en su presencia. ¿Por qué no podemos vivir todo el tiempo así? Porque otros necesitan ser santificados y nuestro papel es llevar a los perdidos a Su presencia para también ser santificados. No es fácil vivir en este mundo, con tantos peligros, resbaladeros y tentaciones que nos quieren hacer caer. En situaciones que nos hacen sentirnos perdidos y abandonados. Pero en estas situaciones podemos exclamar: Jesús confío en Ti porque en Tu nombre yo he vencido al mundo.


Oración: Padre, en el nombre de Jesús, reconozco que tú me tienes en este mundo con el propósito de ser luz en la tierra. Te ruego que me guardes del mal, que te enseñorees en mi vida, que siempre tenga en mis labios palabras para otros, santifícame, soy tuyo, soy tu reflejo en este mundo, de alguna manera somos la esperanza para los que no lo tienen, somos palabra de vida para los muertos en sus delitos, somos la fe y la guía para quienes no saben por donde andar, soy portador de Tu Palabra. Te pido en Tu santo nombre te glorifiques en mí. Aleluya.